Reinauguro este blog porque creo que debo hacerle justicia a las cosas que vivo, me pasan, siento y escribo.
Es increíble cómo, ante la ausencia del sexo opuesto, nuestras energías vuelven a encauzarse en lo que realmente importa: UNX.
Pero es que ahí está el error y el fantasma que, creo, aqueja a muchxs al momento de encarar una relación "en serio".
Personalmente, soy alguien que cree en las individualidades, en la realización personal, en la libertad pero siempre respetando a quien tenés al lado. Creo en que la pareja no es un bastón, sino un compañerx con quien compartir muchísimas vivencias (de las lindas y de las feas). También admito que por cada pareja o "proyecto de" que tuve, hice mi mayor esfuerzo por llevar esto adelante porque, además de pensar que es lo más sano para ambas partes, la teoría es una cosa y la práctica es otra. Así y todo, siempre fui una buena compañera.
Y hay muchas más chicas que son así, porque voy a hablar de nosotras.
A una amiga le estuvo pasando en el último tiempo que reiterados vagos que iba conociendo, un buen día y sin razón aparente, tiraban bomba de humo. Ni ella ni yo, cuando me contaba sus anécdotas tratando de entender qué pudo haber pasado, lográbamos descifrarlo. Hasta que hace poco me pasó a mí (sí, de vos estoy hablando; si llegaste hasta acá, hacete cargo).
Conocí a un pibe, aparentemente coherente aunque extremista y ambiguo, con quien salí varias veces y con quien parecía estar todo bárbaro. Desde el vamos fui clara. MUY.
Le abrí las puertas de mi casa y hemos charlado de varias cosas bastante íntimas. Pero, un buen día y sin razón aparente, tiró bomba de humo.
Lo que personalmente me duele más de estos casos no es que en algún momento dejes de "coincidir" con quien estás conociendo sino que, pese a lo que pudiste haber compartido (no importa si poco o mucho, siempre que haya sido bueno), desaparezcan de la faz de la Tierra como un "si te he visto, no me acuerdo".
Una cree que un mensaje diciendo simplemente "ya fue" no altera el curso normal de la vida de nadie, pero valores como el respeto por los sentimientos ajenos, quedaron olvidados en esta era moderna de Happns y Tinders.
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